Resumen de un año que comenzó con turbulencias y terminó con impulso.
El año 2025 ha sido un ejercicio muy interesante en los mercados financieros. Comenzó con un tono marcado por la volatilidad y la cautela, provocado en gran parte por el giro agresivo en la política comercial de la nueva Administración estadounidense, que introdujo nuevos aranceles y generó tensiones con varios socios estratégicos. Este shock arancelario inicial afectó a la confianza global y a las cadenas de suministro en los primeros meses del año.
Sin embargo, conforme avanzaban los trimestres, los mercados fueron recuperando el pulso. La actividad económica global mostró una resiliencia superior a la esperada, y el entorno de tipos más estables se combinó con impulsos estructurales positivos, como la inversión en Inteligencia Artificial, devolviendo el apetito por el riesgo a muchos activos.
Renta variable: Europa, Asia y emergentes toman el protagonismo
En la parte de renta variable, el año fue claramente positivo: Europa destacó por su recuperación, apoyada en un entorno macro más sólido y una política monetaria estabilizada. Asia brilló por el empuje de la inversión tecnológica y una mayor integración regional.
Los mercados emergentes tuvieron comportamientos muy destacados, con subidas de doble dígito en muchos casos, beneficiándose de flujos internacionales, estabilización de divisas y valoraciones atractivas.
Aunque EE. UU. también cerró con rentabilidades positivas, su evolución fue más moderada que en años anteriores, lo que supuso una cierta rotación de flujos hacia otras regiones con mejores expectativas de crecimiento relativo.
Renta fija: vuelta a la estabilidad tras años complejos
La renta fija vivió un año de recuperación paulatina y normalización. La moderación en las expectativas de inflación y la posibilidad de recortes de tipos en 2026 hicieron que tanto los bonos soberanos como la deuda corporativa tuvieran una evolución estable y, en muchos casos, positiva.
Los inversores recuperaron el interés por estos activos, valorando especialmente su capacidad para equilibrar las carteras tras años de elevada volatilidad.
Energía: el petróleo como estabilizador del crecimiento global
Uno de los grandes protagonistas silenciosos de 2025 fue el precio de la energía, que se mantuvo en niveles moderados y estables a pesar del contexto geopolítico complejo.
El precio del petróleo osciló en una banda controlada durante buena parte del año, lo que permitió evitar repuntes inflacionistas y sostuvo el consumo, especialmente en las economías más dependientes de importaciones energéticas.
Esta moderación de los costes energéticos actuó como un potente soporte para el crecimiento económico global, facilitando mayores márgenes en sectores industriales y de transporte, un alivio para los bancos centrales en su lucha contra la inflación y un impulso indirecto al poder adquisitivo de los hogares.
¿Y cómo ha impactado todo esto a PC30?
En este contexto de mercados favorable pero exigente, nuestro fondo de pensiones PC30 ha cerrado el año 2025 con una rentabilidad del 4,76 %.
Esta evolución ha estado marcada por varios factores:
La renta variable, con un peso en torno al 34% de la cartera, ha sido el motor principal de la rentabilidad, especialmente por la positiva evolución de los mercados europeos, asiáticos y emergentes.
La renta fija, que representa un 49% del fondo, ha aportado estabilidad en un entorno de tipos que se ha ido moderando a lo largo del año. Aunque no ha brillado, sí ha ofrecido refugio y diversificación.
La exposición a activos alternativos (17%) ha mantenido su función de diversificación, con resultados ligeramente positivos, especialmente en estrategias de infraestructura y crédito privado.
En el lado menos favorable, la exposición a activos en dólares ha restado algo de rentabilidad debido a la debilidad relativa de la divisa frente al euro durante buena parte del ejercicio. Aunque la cobertura parcial ha funcionado correctamente, no ha sido suficiente para neutralizar del todo este efecto.
Aun así, el fondo ha cerrado con una rentabilidad positiva y en línea con su perfil de riesgo, confirmando la importancia de mantener una cartera diversificada, sólida y gestionada con visión a largo plazo, incluso en contextos cambiantes.
